Arte y cultura

 

Con antiguas raíces romanas y visigóticas, el pueblo de Viniegra de Abajo, antiguamente de Yuso, perteneció al Conde de Aguilar, Señor de los Cameros, tal y como lo recoge el Catastro de Marqués de la Ensenada en 1752. En quella época, a mediados del siglo XVIII, contaba con una población de 123 vecinos y 16 viudas, lo que acercaba la población a unos 650 habitantes, tal y como corrobora algo más tarde el Censo de Floridablanca en 1787.

Por aquellos tiempos su economía estaba basada fundamentalmente en la ganadería trashumante con un censo de más de 17.000 ovejas, y cuya producción de lana fina permitía la existencia de un batán propio. Esta actividad pastoril se complementaba con una agricultura de autoconsumo mediante el cultivo de trigo, cebada y centeno que daba trabajo a tres molinos trigueros con agua durante todo el año.

Pero el hundimiento posterior del comercio de lanas y paños y, en consecuencia, de esta actividad trashumante, supuso la pérdida de la riqueza de estas zonas de montaña y la necesidad de emigrar de una parte importante de su población. Así, en la primera mitad del siglo XX, fueron numerosos los serranos que hicieron las Américas en busca de fortuna, principalmente en la República Argentina.

Ya en la segunda mitad se produjo una segunda ola emigratoria, esta vez hacia los núcleos industriales de Logroño y del norte de España, reduciendo la población hasta los escasos 100 habitantes que hoy día se encuentran censados en el municipio. Como muchos pequeños pueblos de montaña, Viniegra de Abajo se enfrenta en la actualidad a un fuerte proceso de despoblación, manteniéndose gracias a las explotaciones de ganadería extensiva de ovino y vacuno, y al mantenimiento de unos mínimos servicios, acogiendo la única escuela abierta de toda la comarca del Alto Najerilla.

Sin embargo, su valioso patrimonio natural, su cuidada arquitectura tradicional y su apacible entorno están facilitando el desarrollo de la actividad turística que cuenta actualmente con la presencia en el municipio de servicios de restauración, hostelería y casas rurales.

Viniegra de Abajo cuenta con un núcleo urbano bien conservado en el que destacan las casas construidas en piedra de sillería y las calles empedradas, además de algunos palacetes de los “indianos” que volvieron de América
con fortuna y que, convertidos en benefactores, donaron al pueblo edificios emblemáticos como las escuelas.

También hay que señalar la Iglesia parroquial de la Asunción construida con la característica piedra rojiza de la comarca, a la que acompañan ermitas como las de la Soledad, San Millán y Santiago, donde se celebran algunas romerías, como la del primer sábado de Agosto en San Millán, enclavada en pleno valle del Urbión, o la bajada del Santo en la víspera del 25 de julio, día de Santiago patrono de la localidad.

Consecuencia de su pasado ganadero, el término municipal de Viniegra se encuentra atravesado por algunas de las principales cañadas de La Rioja que permitían el desplazamiento de los ganados hacia los pastos de invierno en la lejana Extremadura.

Es el caso de la Cañada Real de Santa Coloma, también conocida como de las Siete Villas o de las Merinas, que proviene de las tierras bajas del Valle del Ebro y se dirige hacia las tierras burgalesas, y de las Veredas de Ocejo y de Gorrincheta que enlazan con las tierras sorianas. Entre las tradiciones que aún se conservan destaca la construcción del “chozo” el día de Nochevieja para recibir el nuevo año con la quema de maderas y muebles viejos, o el juego de la “uta” consistente en tumbar un palo con monedas encima tirándole unos chapones metálicos.

 
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